El editorial del último número de la revista “Consorcio Manchego”, el correspondiente al cuarto trimestre de 2012, hace un repaso a la dramática situación que atraviesa el sector del ovino, vía recortes.
Lo primero que se dice en este editorial, firmado por Antonio Martínez Flores, presidente del Consorcio Manchego, es que “la sensación que tengo es que más que recortar lo que se hace es trasladar la obligación de pagar”.
“El sector ovino –continúa- ha sufrido en estos últimos diez años una importante reconversión. Han desaparecido más de diez millones de ovejas (40% respecto al censo existente en el año 2000) y casi la mitad de las ganaderías… Paralelamente a esto, otros tantos decidimos apostar por este medio de vida, emprendiendo inversiones en instalaciones, cintas de alimentación, salas de ordeño, como si de una empresa rentable se tratase… y con la esperanza de que se materializasen algunas promesas, fruto de la calificación como sector prioritario, estratégico, imprescindible, etc. En contra, percibimos acciones encaminadas justo en sentido totalmente opuesto”.
Achaca parte de la culpabilidad de la crisis a los altos costes de producción junto a unos precios de producción de hace veinte años, “pero a esto hay que unirles iniciativas que en vez de ayudar, empeoran.
“No hablo de las prometidas ayudas, como a las razas autóctonas en extensivo, que se han reducido considerablemente dejando fuera a la mitad de los ganaderos que las hemos solicitado, sino de otros aspectos”.
Aquí cita la sanidad ganadera, apartado en que los ganaderos ponen el dinero que no llega de la Administración; mejora de la calidad de las producciones; deudas de las administraciones con los ganaderos; recortes en sectores “menos populares” como los Libros Genealógicos o Programas de Mejora Genéticas. Y, ya de una manera más particular, la Ley de Tasas de Castilla-La Mancha “por la que tenemos que pagar por casi todo.
Al margen de lo que todo ello supone para el ganadero (más trabajo, menos beneficios o más pérdidas, según se mire) “los animales (no racionales) no censuran estas actuaciones, sino que actúan en consecuencia: menos leche, menos corderos, más problemas sanitarios, etc. Y eso lo complica todo.
Conclusión: “Entramos en barrena, en caída libre. Así es como estamos, al borde de la ruina, y nadie sabe hacia dónde nos dirigimos”.
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